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Colas de diez kilómetros en la AP-9
Colas de diez kilómetros en la AP-9
La autopista AP-9 se convirtió el jueves por la noche en una ratonera para cientos de conductores, así llegaran desde A Coruña o Santiago. A partir de las 22 horas, los que siguieron la recomendación de la organización de utilizar la AP-9 no consiguieron avanzar más de tres o cuatro kilómetros en 120 minutos. Los más afortunados y dispuestos a caminar necesitaron tres horas para recorrer una distancia que, en el peor de los casos, no lleva más de diez minutos. Para superar los dos últimos kilómetros antes de llegar al peaje de Ordes había que emplear una hora y cuarenta y cinco minutos, con el único consuelo de que por detrás había una cola de entre ocho y diez kilómetros más de vehículos.
A lo largo de todo el trayecto por la AP-9, la única presencia de fuerzas de seguridad era la de un coche de la Guardia Civil, y es que todos los esfuerzos estaban concentrados en el centro del pueblo, donde había 150 personas empeñadas en mantener el orden, entre guardias civiles, policía local, protección civil y guardias de empresas privadas. Hubo algún siniestro por alcance sin consecuencias y el colapso era tal que, por momentos, algunos jóvenes salieron irresponsablemente a bailar al arcén.
La sorpresa más desagradable para los atrapados fue que el peaje de Ordes solo tenía dos cabinas operativas, prácticamente una en cada sentido, y una de ellas solo se activó tras varias llamadas de la organización a la concesionaria de la autopista, que cobró uno por uno todos los peajes a pesar de que cientos de usuarios emplearon más de dos horas en hacer un pequeño tramo.
Una vez superado el cuello del embudo, la misión era encontrar sitio en los 200.000 metros cuadrados de leiras habilitadas para el evento, y que ya estaban al límite de su capacidad a las ocho de la tarde. Desde esa hora, todas las carreteras que desembocan en Ordes (desde la N-550 hacia A Coruña y Santiago, el vial que va hacia Cerceda y los cuatro kilómetros que separan el pueblo y la AP-9) fueron un aparcamiento improvisado a un lado y al otro de la calzada, alcanzando los cinco kilómetros de coches aparcados en fila. Muchos, demasiados, optaron por dar media vuelta y regresar.

